la crisis está en la ineptitud del lector / con maurizio medo.



maurizio medo




h&d: Alguna vez leí, la verdad no me acuerdo donde, una idea que iba algo así como: “no se puede hablar de poesía como si se hablara de fabricar carros; es decir, no podemos afirmar: este año hicimos más y/o mejores poemas que en el anterior”. Para mí, la frase significa que, no sólo no podemos pensar al poema en función de una “tradición” previa, sino que, además, este concepto de tradición es obsoleto: la producción poética no se trata de un continuum.

mm: Habría que agregar  “y tampoco como si formaran parte de un TOP 10”… pero se da y eso surge desde el momento mismo en que se habla de una mejor (o peor) generación analizando un proceso, el de la tradición, aplicando la lógica MTV. Yo creo que el poema “funciona” como tal en la medida que consiga librarse  del peso de la tradición a la que pertenece, y a la que no dejará de pertenecer. Es decir en la medida que ese objeto –el poema- nos obligue a apreciarlo como algo que es valioso en sí mismo y no como parte de un engranaje. El riesgo de leer poemas “desde la tradición” – y no por lo que esos poemas exigen- es el de confundir tradición con sistema, un sistema que legitima sólo ciertos patrones de funcionamiento. El problema de leer desde la tradición es que el especialista actúa como un sommelier, el cual recomienda determinado tipo de vino para determinada ocasión y no por el aroma de su bouquet sino por el de las semejanzas que éste pueda tener con una cosecha de antaño, siempre que sea de su agrado, algo totalmente subjetivo.

Borges, en un ensayo de Otras inquisiciones, explica que no es el caso que Kafka se encuentre en potencia en sus precursores, sino que una vez que lo leemos podemos ver algo que no habíamos visto antes en los mismos. Rescatando algo del planteamiento de la pregunta anterior, ¿podrá ser qué, en lugar de esta tradición lineal/sucesiva, la relación del que escribe con el pasado es retroactiva?

¿Hoy? Absolutamente. Cuando reconocemos este tiempo como el de un ejercicio de remix, cuando decimos –quienes decimos- que el escritor (de poemas) actúa como un DJ estamos afirmando que la tarea (de la escritura) a veces se realiza entre las fisuras ocultas en esa mole –la tradición- para devenir en nuevas construcciones. Nuevas, sí, pero siendo conscientes que fueron realizadas con los mismos materiales. No necesitamos de un perito para corroborarlo, sí de una nueva perspectiva para apreciar el fundamento, la razón de ser de estas construcciones.

En una conversación previa, mencionaste una tendencia actual hacia la presentación frente a la representación. ¿A qué se debe esta tendencia? ¿Se trata de lo que dice Milán, que la poesía de esta época seria falsa sino reconoce la despoetización, justamente, de la época?

Me refería a tal desplazamiento no para hablar específicamente de la escritura sino, más bien, de todo lo que está alrededor de ella. Si no me equivoco el tema surgió a propósito de la “muerte del disfraz” (relacionada con lo que significa lo “literario”) y a este respecto creo que Josefina Ludmer ya dijo lo que podía  y debía decirse[1] como para repetir el plato. Sin embargo yo creo que aquí existe una contradicción: indudablemente que “la poesía de esta época seria falsa sino reconoce la despoetización (de la época) pero esta “despoetización” sigue siendo observada desde lo literario, es decir como si se tratara de un fenómeno particular. Creo que la escritura de poesía hoy está más afuera que dentro de ese ámbito.  ¿Esto implica una crisis? Sí, claro, es una crisis, una muy necesaria, la poesía sólo puede surgir desde la crisis.

Siempre me ha gustado esa definición que Baudelaire hace del artista en el Pintor de la vida moderna: que la creación es la infancia recobrada a voluntad (aunque debo confesar, la primera vez que la oí fue en una entrevista en YouTube de boca de Diego Maquieira). La idea supone que el creador está en una condición similar a la del niño que intenta descubrir el mundo mediante el juego. ¿Es correcto asumir esto? ¿Es el texto una suerte de juego a través del cual, en tus palabras, le devolvemos al lenguaje su condición de productor de sentido?

Cada vez soy más escéptico respecto a las reflexiones ante el lenguaje justamente  por esa razón.

¿Crees que todavía funcionan los géneros como herramienta para tratar con los textos?

Como instrumento didáctico, no como “instituciones”, los llamaron Wellek y Warren, ni como legalidades para “producir sentidos”. Creo que, en la realidad, la escritura se desplaza a través de los géneros. Los atraviesa. 

Te has mostrado en favor de escrituras que le den una migraña al reseñista que intente abordarlas a partir de criterios que fueron superados. La paráfrasis proviene de un texto sobre el neobarroco, en que respondías a otro de León Félix Batista. La tesis era que, a pesar de que lo que denominamos barroco puede llevar el prefijo que quiera enfrente (trans, post, anti), la condición de barroco (en tanto hibridación, barroquización -valga la redundancia- de la lengua hasta que esta no pueda ser llamada español o castellano) permanecía como la fuente de la que provenían estas escrituras. A partir de esto quiero hacer una pregunta doble: 1) Como opuesto a estas propuestas (que además buscan abrir al poema aún más) mencionas a las escrituras atrapadas en la lógica del oxímoron, ¿Qué entiendes tú por este término? Y 2) Dado que, en algún punto, eso no literario (por lo que aposto el neobarroco en su momento) termino literaturizandose, esta propuesta discursiva ha perdido vigencia; entonces (y esto se conecta con lo que parafraseaba hace un rato) ¿la marginalidad es constitutiva de la escritura?

No se trata de “estar a favor” de un comportamiento. Ahí estoy hablando de mi gusto, el cual es legítimo únicamente para mí, un lector. No tengo el poder necesario para legitimar la conducta de esas escrituras como “algo” y si lo tuviera tal intención caería en la prepotencia, y no se trata de eso. La “lógica del oxímoron” fue la caricatura de una caricatura,  la del poema como unidad cerrada. Insisto nuevamente en lo del “gusto”.  Yo leo lo que me gusta, es obvio,  y si pienso en los autores que me interesan (dígase Santiago Vera, Christian Briceño o Rosa Granda) encontraré propuestas que se enfrentan a esas unidades, no con proclamas, sino con variables que alteran la “naturaleza” de esas estructuras. Los textos se construyen, te lo decía antes, desde las fisuras, esto lo pensaba para explicar ciertos textos que, por su constitución, podrían quedar descalificados en un “control de calidad” de “poemas”, no de la escritura –un síntoma de la literaturización del tiempo presente.

Yo no creo que el neobarroco alguna vez haya tenido (ni perdido)  vigencia. Finalmente refleja la naturaleza de nuestras hablas. Lo proliferante manifiesta nuestra multiplicidad y nuestro constante descentramiento. Somos una mezcla en rotación perpetua. Hablamos desde allí y eso, que va más allá de la escritura, nos sitúa en un constante “fuera de juego” frente a lo que expresa, o debería expresar, un idioma –comprendido como institución. La marginalidad “ya estaba allí”. Y si nuestra naturaleza es múltiple en su expresión, creo que el pretender que ésta sea “lisa” o “pulida” (como si habláramos de manufacturas) la sola idea atenta contra esa naturaleza y lo que produce es la parodia de la perfección.

Lo barroco, interpretado como una manifestación de la incertidumbre, la misma que atenta contra la inteligencia –o la sensibilidad- del lector, felizmente siempre estará presente. Lo que observo es que hoy se manifiesta desde otros planos, ya no solamente desde el lingüístico sino, también, hoy, desde la localización de la voz –en ese sentido es más conceptual que ornamental. En el siglo XX un televidente podía narrarte el argumento de la serie que vio hace una o dos horas. Hoy ese televidente consume zapping y al narrarte qué fue lo que presenció tendrá que hacerlo a través de saltos de imágenes. Ya no desde la linealidad de una máquina narrativa, o de algunos “viejos” poemas. Ya no hay lógica de oxímoron Se abrió la estructura. Y más si pensamos que ese zapping no buscaba solamente mirar todo lo que fuera posible sino, tal vez, empezar a comprender el funcionamiento de la tele. Para algunos eso justamente será lo crítico. Pero, vuelvo otra vez a lo ya dicho: no puedes pretender que los otros observen algo –la tele o la realidad- como lo hiciste tú. La crisis, más que en la escritura, se manifiesta en la ineptitud al momento de buscar nuevas perspectivas para comprenderla.